Cuando uno asiste a un evento “Al estilo Cuquita”, invariablemente se siente como en casa. No porque uno sea capaz de montar algo tan espectacular como suele hacerlo ella, sino porque tiene el don de hacerlo sentir a uno en familia.
La primera vez que entrevisté formalmente a Cuquita fue hace aproximadamente 4 años y medio. Jamás olvidaré que me ofreció un tecito de canela hecho en casa en una taza deliciosa con un patrón de rosas que me hizo sentir como la Reina Isabel de Inglaterra y me recordó a m abuela. Hago constar que aunque mi abuela no cocinaba mucho, montones de los buenos recuerdos de ella están asociados con la comida. Pero estoy divagando. Perdón.
Bueno, el caso es que Cuquita me empezó a contar sobre su vida y en un santiamén nos trasladamos a la fiesta de San José en el Valle de Antón, lugar que me es familiar por haber veraneado allí de niña y joven. Ella me contó que en la casa familiar se organizaba un agasajo enorme para todos los lugareños y campesinos que bajaban de los cerros colindantes a comer.
Como cada quien desarrolla estampas de acuerdo al propio imaginario, yo inmediatamente vi pasar en mi mente la película que se me antojó que incluía enormes pailas en las que podían estar hirviendo tamales o un sancocho. En otro fogón el arroz con pollo, la chica por allá y Cuquita absorbiendo como una esponja todos los sabores y olores de estas grandes comilonas.
Se me antojó pensar en ese momento que el culantro, el ají chombo, el maíz y el plátano se le pegaron al alma, como se pega el olor a humo cuando se cocina en fogón de leña.
Años después de estos deliciosos eventos, Cuquita empezó a experimentar con sus propias creaciones, no sin antes haber pasado por prestigiosas academias de cocina como el Culinary Institute of America y enriquecerse con cursos variados. Seguramente las técnicas aprendidas conjuntamente con su espíritu creador se amalgamaron para dar como resultado “La Nueva Cocina Panameña”, de la cual, Cuquita es sin lugar a dudas, precursora. Ven que “panameño” siempre sale a relucir porque a fin de cuentas eso es Cuquita: una amante de todo lo autóctono.
Desde que Cuquita me llamó para pedirme que le escribiera el texto de la solapa gran honor por cierto, como estar hoy aquí contándoles sobre su libro- empecé a imaginar este nuevo proyecto. Mi imaginación se quedó corta y vamos que es prolija.
Cuando me dio el libro recién salido del horno me senté por largo rato a mirarlo y me puse la tarea de escoger una foto y una receta para bautizarlas como mis favoritas. Fue un ejercicio inútil pues si bien se me antojó que el mojito de tuna se parecía a mí, no habían pasado muchas páginas cuando ya las brochetas de pulpo lo habían desplazado. Y eso sólo hasta que llegué al cubo de sandía con espuma de queso de cabra--- ¿Qué deliciosa sencillez!
No pude decidirme, es imposible, todo luce divino y casi se pueden “ver” los sabores en las fotografías.
Espero haber despertado en ustedes la curiosidad de sentarse a husmear entre estás páginas que hoy regala Cuquita, producto de muchos años de trabajo y por supuesto de su panameñísima imaginación. |